Cosas de niños

El orfanato Shine

Posted by on sep 19, 2016 in Nuestros cuentos | 0 comments

¡No me lo puedo creer! ¡Al fin se ha hecho realidad! Han sido meses duros, de espera…, pero ya está construido y lo estamos inaugurando.

Aún me acuerdo de mi estancia en el Orfanato Shine. Su nombre puede dar la impresión de ser un lugar muy apacible y agradable, pero no estaba en muy buenas condiciones.

Tras mi carrera de directora de la organización PNEI (Protección de Niños contra la Explotación Infantil), y después de pasar mis seis años de liderazgo, decidí presentarme candidata para ser la psicóloga y profesora en este colegio de niños sin padres, o que no poseen suficiente dinero para que sus papás les cuiden o les den de comer.

Nada más salir del taxi, que me llevó hasta la puerta del orfanato, mi corazón se salía del pecho. No paraba de pensar en la cantidad de niños nuevos que iba a conocer, y puesto que iba a ser su profesora, quería conocerlos para caerles bien desde el primer día y pasarlo mucho mejor con ellos. Pero el corazón se me paró en el instante en el que contemple aquel refugio el cual estaba situado al lado de una gran montaña.

¡Era enorme! Estaba hecho de grandes piezas de piedra, cada una de un tamaño, y tenía aspecto de ser muy antiguo. Tanto el aire y como el edificio tenían un color gris que te deprimía con solo verlo. Tenía muchas ventanas pequeñas y estrechas, imaginé que serían las de las habitaciones de los niños, y delante de mí había un enorme portón de madera vieja marrón la cual se notaba sin dificultad que había sido repintada varias veces. Mientras observaba el edificio, decidí ver el lado bueno. Parecía un monumento histórico, y aunque muchas personas se hubieran ido nada más verlo, yo me quedé junto a la gran puerta y toqué el timbre.

Me recibió una mujer mayor, no supe establecer la edad pero seguro que superaba los 70, de estatura media y delgada, con los cabellos rubios y cortos y con un vestido negro y una cofia. Se notaba fácilmente que era una monja por su hábito. Tras presentarme, me dejó entrar y pude ver que no estaba muy limpio. Le pregunté la razón de ese estado del orfanato, y la señora me dijo que era por los fuertes viento que se habían producido durante varios días y que aún no habían tenido la oportunidad de limpiar.

La monja iba delante dirigiéndome por el recinto, y yo la seguía contemplando lo que me iba encontrando. Cruzamos un largo pasillo, más bien parecía un pasadizo oscuro y estrecho, que terminaba ante un campo de hierba que parecía ser el patio. Mi guía se paró ante una puerta en donde se encontraba una señora alta, con los cabellos castaños y vestía una camisa blanca con un traje chaqueta de color beis. Me presentó. Era la directora y se llamaba María Esther. Desde el primer momento me pareció una persona simpática y amable. La directora Esther, que así me dijo que la llamara de ahora en adelante, me enseñó todo el colegio-orfanato esa misma mañana. Durante la visita le pregunté por la mujer que me había abierto la puerta, y me informó que era la Hermana Purificación, enfermera y cuidadora de los niños.

Tras finalizar la inspección, que duró un poco más de media hora, me llevó a mi habitación y me dejó diez minutos para organizar mis cosas antes de bajar a comer al comedor donde me presentaría a todos los internos, profesores y personal académico que vivían allí.

Mi habitación no era muy grande pero tampoco pequeña. Estaba bien. El suelo era de madera vieja y las paredes estaban pintadas de un color rosita claro. Esa combinación de tonos me encantaba. Había una cama con las patas de hierro y unas sábanas blancas. Se senté en ella y comprobé que el colchón era muy duro. Lo mejor era la ventana con cortinas que daba unas vistas al bosque hermosas. Este paisaje tan bonito será lo primero que vea al despertarme, pensé. Lo malo eran las piezas sanitarias: el inodoro estaba un poco sucio y las cañerías se podían ver de tras de él; el lavabo era de piedra indecente y no tenía mucho espacio para guardar mis cosas.

Tras ordenar mis cosas, me aseé y me preparé para la comida. Al salir de la habitación, frente a mi puerta, estaba esperándome la Hermana Purificación para acompañarme hasta el comedor donde también me estaban aguardando la directora y el resto del personal.

El comedor era enorme. Y justo enfrente de la puerta de entrada, a unos 15 metros, había otra. Era el acceso a la cocina de donde salían todas las ollas con la comida. Había muchas mesas redondas para que comieran los chicos y otra larga y rectangular donde comíamos el personal del orfanato. El suelo estaba bastante desnivelado y empezaba a cuestionarme sobre la seguridad del hospicio.

Todos y hasta los niños me recibieron con muy buena educación y me los presentaron. Marcos, Juan, Pablo, Mario, Óscar, Manuel… Todos tenían pinta de ser muy educados. Por la presencia de la directora, claro. Pero era cuestión de tiempo para que me revelaran su verdadero yo. Ni en el sentido malo, ni en el bueno. Luego la directora Esther me presentó al personal del colegio: en la enfermería estaban Purificación y María Elena; en la cocina el chef Fernando, Roberto y Juana; los profesores eran Gabriel, Ana María, Carmen y la directora Esther; en recepción estaba José Manuel; y los encargados de la limpieza eran Mª del Carmen, Francisco y Clara.

Después de comer volví a mi habitación y continué ordenando mis pertenencias. Al terminar, me preparé para mi primera clase como profesora. Tenía ganas de que fuera el día siguiente.

Mientras iba al aula escolar escuché mucho alboroto. Estaba segura que eran los niños y nada más entrar en el lugar de donde provenía el griterío, mi clase, todos ellos enmudecieron, como pasa siempre en cualquier colegio.

Durante la lección de Ciencias Naturales todo parecía estar yendo bastante bien. Casi todos permanecían muy atentos, y en silencio, y me sentía muy a gusto enseñándoles.

Después de las clases del día, me fui a mi dormitorio para volver más tarde al comedor donde nos esperaba la cena. Cenamos pescado con patatas al horno y fruta de postre. A continuación, sobre las nueve y media me fui a mi cama y estuve hasta las diez leyendo.

Al día siguiente me levante de la cama sobre las siete y a las ocho menos cuarto ya estábamos desayunando. Después del desayuno me enteré de que ese mismo día los alumnos tenían una excursión. Los niños, los profesores y la enfermera María Elena íbamos a ir de marcha por los alrededores del colegio, donde había un pequeño bosque. Los chicos tenían bastantes ganas de salir del orfanato puesto que al ser internos no conocían mucho como era el mundo fuera de los muros de su colegio.

La excursión estuvo planeada así: primero íbamos a dar un paseo; después íbamos a almorzar; en tercer lugar continuaríamos andando hasta la zona que habían preparado para jugar a muchos juegos todos juntos; y después marcharíamos hacia el río para refrescarnos un poco; antes de volver al orfanato Shine.

La excursión iba según lo planeado, pero no pudimos terminar la expedición debido a una gran tormenta que nos amenazaba y estuvimos obligados a volver. Ese día se suspendieron las clases y todos nos quedamos en nuestras habitaciones esperando a que la borrasca cesara. De repente se escuchó a un enorme trueno y seguido un gran estruendo. Todo el personal excepto los niños salió de sus dormitorios y fue a ver qué había ocurrido. Un gran árbol de la montaña se había caído y había destrozado totalmente los patios. Todo el colegio se evacuó con la ayuda de los bomberos que habían recibido la señal de socorro. Cuando todo el mundo estuvo evacuado nos alojaron en un hospital.

Al día siguiente los funcionarios del ayuntamiento, tras años intentándolo, tuvieron una razón para poder cerrar el orfanato Shine por el mal estado en el que este se encontraba. De esta manera podrían construir un centro comercial que sería un gran centro turístico para la ciudad. No les importaba que muchos chicos se quedaran sin hogar. No se pudo evitar su cierre.

Dos días después, todos los que habíamos trabajado en ese colegio y las familias de los niños que pudieron asisitr, nos reunimos en el bosque al lado del lugar donde se había producido la tragedia. Íbamos a hacer una huelga por el cierre del hogar de todos esos niños inocentes. Al día siguiente todos los alumnos y padres fueron anunciando lo ocurrido por todas las calles, plazas y tiendas de toda la localidad y nosotros los profesores preparamos todas las pancartas para la manifestación.

Los habitantes de la ciudad, y de los alrededores, se conmovieron por los discursos de los niños y los padres. Todos ellos acudieron a la huelga.

El alcalde al ver tanta gente contra su proyecto del centro comercial, se asustó pero se negaba a cambiar de idea. Pero como muchas personas le amenazaban con marcharse de esa ciudad y mudarse, no tuvo más remedio que acceder. Ese fue el mejor día de toda mi vida.

El orfanato ha sido reconstruido con el dinero que el ayuntamiento tenía presupuestado para el centro comercial y con la ayuda de la organización PNEI. Muchos niños han conseguido un hogar.

Me han elegido para decir unas palabras en la inauguración, y he aceptado encantada. Sé perfectamente lo que quiero decir:

-       Estoy segura que nunca me voy a arrepentir de formar parte del orfanato Shine y de poder haber formado parte de esta segunda oportunidad al centro, ejemplo de solidaridad de todos nosotros.

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